viernes, 29 de febrero de 2008

Mi Amigo de José Soriano


Resulta curioso que este relato se titule Mi Amigo, ya que José es amigo mío y ha hecho un esfuerzo escribiendo este su primer relato. Me pide comprensión al ser eso, el primero. No creo que la necesite. Juzgad vosotros.






MI AMIGO
Por José Soriano de Valencia





Han pasado ya tres días desde que pasó, sé que no está bien, que esto no es tal y como debería ser, me siento triste y asqueado conmigo mismo, pero por otro lado pienso que a él no le habría importado, que dada la situación lo entendería.
Yo nunca tuve la intención de llegar hasta esto, nunca si quiera lo imaginé, por muchas penurias que hubiésemos podido pasar, era, bueno, aún es mi mejor amigo, si él no hubiera estado a mi lado no habría sobrevivido.
Salimos hace unos 10 días, más o menos, anduvimos durante mucho rato desde que aquel amable hombre nos llevó en su camioneta hasta perder de vista toda civilización. La verdad, me extrañó que alguien recogiera a un trotamundos, con una mochila y un perro por equipaje, pero bueno, aún queda gente que no ha perdido la fe en los demás. Quizás si hubiese sabido lo que podría llegar a hacer, no me habría dejado subir a su vehículo.
Era aproximadamente mediodía, más que por la hora solar, porque recuerdo el hambre y que compartimos unos trozos de queso y pan, algo raído, aunque ninguno de los dos le hicimos ascos.
Habíamos agradecido con un apretón de manos y algunas cabriolas al bajar de la camioneta a este buen hombre que nos hubiese evitado parte del largo camino que nos esperaba. Realmente no sabía con exactitud a donde debíamos ir, pero confié en el instinto de mi compañero de fatigas, porque siempre llegábamos a algún lugar donde refrescarnos y descansar, puesto que la única compañía que anhelábamos era la del otro, sin necesitar al resto del mundo. Anduvimos muchas veces sin un rumbo fijo. Nadie nos esperaba ni nosotros esperábamos a nadie.
Tras descansar un rato comenzamos a caminar, apenas había vegetación alrededor, la arena era casi parda, y tanto espacio abierto invitaba a gritarle al sol y a correr como locos sin ir a ninguna parte, al fin los dos solos, sin ruidos, sin los olores de los albergues, pudiendo dormir uno junto a otro sin tener que dejar parte de tu ser apartado de ti porque no se admiten perros en los albergues sociales, porque si teníamos que mendigar comida durante nuestras aventuras y nos sonreía la suerte de que algún alma caritativa nos dejara pasar al almacén para darnos algo de comer, siempre oíamos la misma cantinela: "el perro se queda fuera".
Anduvimos sin rumbo hasta que la noche nos sorprendió, aunque no importaba demasiado, en aquellos parajes no hacía demasiado frío, en contra de lo que la gente dice de que en el desierto las noches son terribles. Dormimos bastante bien, quizás por que estábamos bastante curtidos de pasar noches, no pocas, durmiendo por las calles de medio mundo.
Pero cuando despertamos noté en la mirada de mi compañero una tristeza extraña, como si algo se le hubiese escapado de dentro durante la noche, aunque cuando empecé a caminar me siguió sin poner reparos y pareció encontrarse mas alegre.
Fue otro día de sol, arena, juegos, gritos, de gozar de la libertad que sólo se disfruta cuando estas lejos de las molestias de los que te miran y se apartan de ti asustados o asqueados, otro día de felicidad.
Compartimos de nuevo algo más de queso y pan, lo sé una dieta poco variada, pero era lo que había. Nuestra despensa y medios, como os podéis imaginar eran muy limitados.
Pasamos varios días mas, entre juegos, largas caminatas, muchas caricias y charlando como si pudiésemos realmente entendernos.
Ese amanecer fue diferente, al intentar levantarse, parecía como si las fuerzas lo hubiesen abandonado, tenía la respiración agitada y la mirada mas triste que jamás había visto. Tuve mucho miedo, no en vano había sido mi único compañero durante mas de 10 años, pero pensé que comiendo algo y descansando se repondría, así que me eché junto a el y comimos el poco queso, si otra vez queso, que nos quedaba, pensando que en cuanto se recuperase partiríamos hacia algún lugar donde conseguir algo de comida. Volví a despertar algún tiempo después y me sorprendió creer ver una lágrima en sus ojos, nunca lo había visto tan abatido, una terrible idea empezó a llenar mi cabeza, imágenes de muerte me llegaban desde cualquier lugar al que mirase. Tenía que hacer algo, pero temía dejarlo solo, realmente temía dejar morir mis últimos 10 años de alegría y cariño verdadero allí, tirados en la arena bajo un sol que cada rato era más cruel. Todo aquel hermoso paisaje empezó a parecerme cada momento más triste y desolado.
Esa noche si que fue realmente fría, no tanto por la temperatura, sino por el frío que ya habitaba dentro de mí, por esa dolorosa sensación de vacío y de angustia que te atenaza cuando sabes que algo esta a punto de ocurrir y darías lo que fuese por que no sucediera. Me acurruqué a su lado, tratando de mantener su calor con el mío, mirándolo, tratando de advertir cualquier gesto o cualquier señal que revelase que estaba equivocado, cuando de repente, sin previo aviso, amaneció, un amanecer que trajo consigo la pena y la rabia, pena por que en nada me había equivocado, su cuerpo estaba rígido y frío y rabia por que había dejado escapar ante mis dormidos ojos las últimas horas de vida del que fuera mi mejor, no, no mi mejor, mi único amigo.
Traté de despertarlo desesperadamente, zarandeándolo, besándolo, gritando junto a su oído, pero no hubo respuesta, no hubo forma de hacer retroceder aquello que lo había alcanzado, pero de todas formas no iba a acabar así, no iba a dejarlo allí, solo en medio de ninguna parte, tenía que llevarlo conmigo hasta encontrar un lugar donde descansar.
Lo arrastré como pude, ya agotado por el dolor, el hambre y la sed, pero con la firme intención de continuar hasta que las fuerzas me dejasen del todo, había perdido en mi ensueño de sufrimiento, el sentido práctico, solo anhelaba acompañarlo y no desprenderme de él, hasta que una punzada en mi mente me recordó de repente que él ya no estaba y que si no hacía algo rápidamente yo acabaría del mismo modo, seguro que él no hubiese querido que eso sucediese así, mí fe en ese pensamiento y el instinto de supervivencia me hicieron tomar una terrible decisión.....


WAKO JOURNAL

29.02.08

ENCONTRADO EL CADAVER MUTILADO DE UN INDIGENTE


Una familia de la localidad de Waco encuentra el cadáver mutilado de un indigente sin identificar durante una excursión este sábado.
Según afirman los servicios de urgencias estatales, los restos se encontraban en pésimo estado, aparentemente devorados por un animal de gran tamaño.
Otro vecino de la localidad afirma haber transportado días atrás a un hombre junto a su enorme perro hasta el cruce de......

jueves, 28 de febrero de 2008

El Reflejo de un Reflejo


Carmen es una buena amiga y también una escritora inquietante que convierte lo cotidiano en terrorífico. Leed su relato, breve y contundente.




El reflejo de un reflejo Por Carmen Rosa Signes Urrea



¡Ahí está nuevamente! Si algo me resulta más sobresaliente en toda su fisonomía, quizás solamente apreciable por mi, es el miedo de su expresión y las palpitaciones crecientes de ese corazón, atrapado en nuestro reflejo, único vínculo que nos une y que me hace estremecer; estoy encerrado, pero nadie podrá nunca saberlo, a no ser que encuentre un modo para comunicarme con esa otra realidad, que ya no es la mía, o que consiga darle la vuelta a la situación, igual que ya ocurriera aquel día. El muy pícaro sabe que es posible, y traspasa frente a mí con cautela. Tiene miedo, lo sé.La vida continúa; no me falta de nada aquí y ahora, salvo la existencia que ya no me pertenece, y esa es la única cuestión que me angustia. Esa… y los míos. Me gustaría saber si son conscientes del cambio. Pequeños detalles, que me caracterizan, que me distinguen debieran alertarles; él es zurdo, y yo siempre fui diestro. ¿Por qué no lo ven? Siento como se acelera nuestro pulso cuando estamos cerca, y son esas palpitaciones las que confío que algún día le delaten. No voy a perder la calma. Deseo reservar mi rabia como arma en contra de esto tan inexplicable y terrible. Dejar que la demencia tome posesión de mi, sería sencillo; a veces los veo pasar; él no puede eludir su reflejo, sé que eso le preocupa; supongo que teme que pueda averiguar cómo darle la vuelta a todo; si él consiguió salir, ¿qué me impide retornarlo a su lugar? A su reflejo.Al desorden y la confusión de los primeros momentos, después de que me trasladara al otro lado, siguieron la reconstrucción de los hechos; el tropezón en aquel maldito espejo giratorio del vestidor del dormitorio, fue el culpable; en mala hora lo compré. Siempre me había parecido extraña la forma en la que me veía reflejado, el gesto de mi rostro tan inusualmente huraño, por lo que procuraba no arreglarme nunca allí. Esta realidad no sensorial me está afectando, me inunda de dudas. ¿Quién ha arrebatado la vida a quién? ¿Quién merece la angustia de una realidad atrapada en un reflejo?

martes, 26 de febrero de 2008

El Reloj de Madre Cristina




Aquí tenemos un escalofriante relato de María del Carmen Guzmán. ¡Mejor no lo leáis a la luz de una vela!







Semifinalista en el IV Concurso Grupobúho
Madrid 2007

EL RELOJ DE MADRE CRISTINA



No puedo soportar el tic tac de un reloj. Me crispa los nervios. Desde niña me inspiran un miedo irracional, o quizás no tan irracional, pues tan siniestro y molesto ruido forma parte del conjunto de elementos de una película de terror. Ese reloj de pared cuyo gong interrumpe el silencio de la vieja casona, ese péndulo metálico que suena sobre la repisa de mármol de una chimenea…pero sobre todo, ese modesto reloj despertador que siempre reposa en tu mesilla de noche y no necesita el ring que ha de despertarte, pues sólo el tic tac retumbando sobre la madera no te deja dormir.
Pero mi fobia, como casi todas las fobias, viene de la infancia. Una vecina nuestra contó una de esas historias que se escuchan en las noches de invierno mientras los leños chisporrotean en la chimenea, a la luz de unas velas porque se fue la luz, no hay televisión y nadie quiere irse a la cama. La historia trataba sobre una monja, Madre Cristina, que tenía uno de esos relojes despertadores, parado y sin cuerda.






La monja, madre superiora de un convento de clausura, era una ferviente cumplidora de las reglas monásticas, y con mano dura, hacía cumplir con rigor de priora las obligaciones monjiles. Para ello, y con ánimo de atemorizar a las pobres monjitas para hacerlas caminar por el buen sendero, dejó escrito en la pared del refectorio, y con letras bien grandes:



“HERMANAS, SED CAUTAS Y VIGILAD, PORQUE EL DEMONIO, NUESTRO ENEMIGO, ANDA A NUESTRO ALREDEDOR BUSCANDO A QUIÉN DEVORAR.






“Y debajo, con letras más pequeñas:
“Cuando yo muera, y a fin de que nuestra sagrada regla se cumpla a rajatabla, en cualquier momento o lugar sonará el tic tac de mi reloj para avisaros de vuestros pecados y os arrepintáis de ellos. Amén.”
Ni que decir tiene que las pobres y humildes mujeres cumplieron a rajatabla los mandatos y el reloj no sonó en mucho tiempo. El momento de pasar al otro mundo le llegó por fin a la priora. Nadie, por si acaso, volvió a intentar componer o a darle cuerda al reloj de Madre Cristina, pero eso sí, permaneció como una reliquia encima del viejo aparador del refectorio. La nueva priora, Sor María, una mujer joven, moderna e inteligente, dijo que aquello del reloj eran paparruchas, y que lo que tenían que hacer es el viejo dicho “ora et labora”, y así, el demonio no tendría ocasión de molestarlas con sus insidias.
Pero un día sonó, y muy fuerte. Sonó en la pared de una monjita joven y guapa cuyo pensamiento voló un poco por las nubes de la fantasía erótica. En eso estaba la monjita, cuando a través de los gruesos muros de la celda escuchó alto y fuerte el tictac del reloj de la monja muerta al tiempo que de la pared de su celda salía un cerdo negro y gordo; el gorrino atravesó la habitación y pasó a través de la puerta mientras dejaba tras de sí un sospechoso olor a azufre. Y gritó, no lo pudo evitar, y a su alarido acudieron las monjas en camisón. La madre priora tranquilizó a la joven y mandó a las demás monjas a dormir, pero antes de recogerse, y por curiosidad, entró en el refectorio, que se encontraba en el otro extremo del claustro, demasiado lejos para que la joven monja hubiera podido oír sus tic tacs. El reloj seguía allí, sobre el aparador, y el cerdo, por supuesto, no apareció por lugar alguno del convento, mucho más extraño puesto que en aquel recinto sagrado sólo había gallinas y un gato, hembra, no faltaba más.
Sor María tomó el reloj en su mano y pudo comprobar que éste seguía sin cuerda, parado. Pensó “Sugestiones de histérica. No le demos importancia”, y se fue a dormir. Pero el caso se repitió, y no una, sino muchas veces, y siempre, por muy lejos que estuviera el reloj del sitio donde se oyó el tic tac, éste sonaba alto y claro, traspasando muros, techos y suelos. También volvieron a aparecer más cerdos, machos cabríos y alguna que otra comadreja.
Harta ya de tanto alboroto en un convento donde debería reinar la paz y el silencio, Sor María tomó una decisión: tiró el reloj al contenedor de desperdicios, pero eso sí, se preocupó de que la bolsa estuviera bien cerrada, y de que sus propios ojos vieran cómo se la llevaba el camión de la basura. Sor María, entonces, aliviada, sacudió sus blancas manos, se santiguó y se fue tranquila a su despacho.
Pero el reloj volvió a sonar. Y no dejó de hacerlo hasta que vino al convento un enviado papal, un exorcista que limpió el convento de las maquinaciones del maligno y Sus apestosos animales, y a la monjita guapa le aconsejó que dejara los hábitos y se casara…




En esta parte del relato volvió la luz y con ella, la televisión, pero se fue la magia. La vecina se marchó a su casa, pues se había hecho tarde y mis hermanos y yo, aunque a regañadientes, nos fuimos a la cama, aunque ninguno pudimos dormir. Los relojes despertadores, y hasta el reloj de cuco al que mi padre daba cuerda cada noche, nos recordaban el malévolo tic tac del reloj de Madre Cristina.
Al cabo de uno años, la vecina murió, y cuando fuimos al velatorio, como era costumbre entonces, en su casa, en medio de las velas y el silencio respetuoso en estos casos, un fuerte tic tac retumbó en toda la casa, atravesando muros.
Familiares, deudos y amigos recorrimos la casa buscando el reloj, pero por más que recorrimos habitaciones, abrimos baúles y armarios…el reloj no apareció por parte alguna.

María del Carmen Guzmán

domingo, 24 de febrero de 2008

La Hora de Jubilarse de Carlos A. Alamo


Ya tenemos nuestro tercer relato y es uno que pone la piel de gallina, ya lo creo. El autor es Carlos A. Álamo de Valencia y he de confesar que la coincidencia de apellidos no es casual. Espero que lo disfrutéis y que os sorprenda tanto como a mí.



LA HORA DE JUBILARSE



Se paró en seco.

-¡Estoy harto! ¡Este trabajo me resulta muy desagradable!

-Llevas años haciéndolo y no creo que a estas alturas, puedas aprender algo nuevo. Además, la responsabilidad es muy grande. Sigue.

-¡Ya lo sé! Pero eso no quiere decir que me tenga que sentir a gusto haciéndolo.

-Pues yo veo que sonríes... Vamos, sigue.

-Si, pero es porque me contagias.

Permaneció parado y sin intención de continuar

-¡Venga, sigue! que hoy vamos retrasados.

-¡No! Ya no creo que pueda más, me duelen las manos.

-Sabes que es transitorio, cuando acabes te sentirás mejor y con la satisfacción del trabajo bien hecho. Sigue.

-¡Qué no, coño! ¡Qué ya no puedo más con esta mierda! Ya soy viejo para esto ¡Son muchos años!

Se puso muy serio y por un momento parecía que iba a marcharse por donde había venido.

-¡Ya esta bien de hacer el gilipollas! ¡No tienes elección! ¿O quieres que lo haga yo...? Ya sabes lo que pasará ...

Un escalofrío le recorrió el cuerpo. La última vez que él tomo las riendas, pasaron meses antes de que le dejara volver a tener conciencia del mundo exterior.

-Esta bien- asintió en un susurro.

A veces aquella voz era la única que podía distinguir con claridad y la que le hacía tomar conciencia de lo importante de su trabajo, pero algún día tendría que tomarse en serio el dejarlo. Aquella artrosis empezaba a fastidiarle y cuando acababa, aún le seguían doliendo las manos horas.

Se caló una vez más los guantes y continuó estrangulando pausadamente, a aquella anciana.

miércoles, 20 de febrero de 2008

El Final de Javier González Bailach


Nuestro amigo Javier de Valencia, nos remite este relato con un desarrollo sorprendente. Espero que disfrutéis de su lectura.


El Final
Javier González Bailach de Valencia



¡Dios mío, otra sacudida! ¡Esta vez aun ha sido más fuerte!

Definitivamente, mi tiempo se acaba. Siento que esta vez sí ha llegado mi hora. En un par de ocasiones ya me sentí al mismo filo del abismo, pero logré aferrarme a la vida con todas mis fuerzas y conseguí dar esquinazo momentáneamente al inexorable destino que a todos ha de alcanzar.

Bueno, al menos el haberme llevado antes un par de sustos, me ha permitido ampliar un poco mis puntos de vista. Nunca pensamos que esto nos puede pasar a nosotros. Parece que siempre sea cosa de los demás y todo ese rollo del ADIOS se nos antoja como algo ajeno. Debe ser la arrogancia de nuestra juventud, que nos hace sentirnos eternos y pensar que el mundo gira entorno a nosotros mismos…

Pero esta vez me siento algo más preparado para afrontar aquello que tenga que venir. Aunque debo admitir que siempre queda una parte del miedo ancestral a lo desconocido que me hace estremecer cada vez que se apodera de mi conciencia y me intenta sugerir que todo eso de la vida después de la vida no son más que estupideces. Una sarta de consuelos baratos para ayudar a los viejos (como yo) a suavizar el tránsito al abismo que nos aguarda mediante cantos de sirena de una nueva vida, otro estadio para nuestra conciencia, algún universo paralelo donde llevar a cabo nuestra evolución espiritual y alcanzar eso que llaman la PLENITUD.

Bueno, como he dicho antes, eso es lo que siento cuando el miedo me atenaza. Pero llevo preparándome largo tiempo para superar esos pensamientos y mentalizarme de que todo esto que me va a pasar es parte de nuestro propio ciclo. Al fin y al cabo, si uno lo piensa bien, ya no me queda nada por hacer aquí. He atesorado una intensa y larga vida llena de acontecimientos, esfuerzos, dichas y también conflictos que han ido haciendo de mí el ser que soy. Y lo más importante de todo: siempre he sido muy consciente del amor que los demás sentían por mí. Ese es el gran tesoro que me colma y que me llevo conmigo. Aunque al mismo tiempo, es lo que más temor me causa. Esa sensación de estar a las puertas de no ser capaz de volver a sentir su amor. ELLA me produce esa sensación de PLENITUD que me hace desear no tener que “evolucionar espiritualmente” a nada más y perdurar para siempre envuelto en su amor…

¡Oh Dios! ¡Otra vez! ¡Joder, cómo me duele todoooooooooooo! Debe tratarse de una especie de castigo compensatorio el hacerme sufrir tanto al final después de una vida tan dichosa…

Oye, es curioso, parece que algunas de las cosas que me habían contado sobre eso del túnel oscuro por el que tenemos que pasar… no iban nada desencaminadas. Además, tengo la sensación de haber repasado toda mi vida, con gran detalle, como una película proyectada sobre las paredes del túnel, cuando en realidad no han transcurrido más que uno o dos segundos a lo sumo de tiempo real. Y ahora, en fin, entenderás que no me sorprenda demasiado al comprobar cómo siguen cumpliéndose todas las fases clásicas de las experiencias cercanas a la muerte. Es el turno de la luz blanca inmaculada al fondo del túnel que cada vez está más cerca y un ser luminoso con una túnica blanca que te transmite confianza y te llama: “vamos, ven, ven conmigo”…

En fin, creo que ya ni siquiera deseo resistirme. Tampoco me serviría de mucho porque siento que algo o alguien tira fuertemente de mí en dirección a la luz, que de repente lo inunda todo y me hace perder por completo la percepción de cuanto me rodea.

¡Ah, Joder! Pensé que la parte del sufrimiento ya estaba superada, pero no os podéis imaginar lo que duele cuando te ciega la luz, intentas respirar y sientes que ¡ya no puedes hacerlo!.......................... Hasta que después de unos eternos instantes de angustia, algo te golpea en las nalgas y tienes que GRITAAAAAAAAR con toda tu alma para sentir cómo ¡el aire se abre paso hasta tus pulmones! Y dejas para siempre de respirar… de la forma en que lo habías hecho toda tu vida.

Todo ese dolor sólo encuentra consuelo cuando uno de los seres de blanco, te sujeta con manos expertas y te coloca sobre esos deliciosos pechos que ahora contemplas y sientes como nunca hubieras podido imaginar. ¡Qué satisfacción, qué PLENITUD! Al menos ahora sabes que ELLA sigue contigo y su amor te seguirá envolviendo, ahora de otro modo. Todo parece tan distinto pero al mismo tiempo el AMOR es el mismo…

Durante mi primer sueño, después de superar el “trago” de mi propio nacimiento, el gran secreto me ha sido revelado. Sé que cuando despierte, mi memoria consciente, al igual que ocurrió con mis pulmones, será de algún modo “reiniciada” para adaptarse a mi nueva dimensión existencial. No recordaré nada de toda mi vida anterior, bueno, el subconsciente siempre atesora algún destello de memoria que nos puede hacer sentir de nuevo como en el vientre de nuestra MADRE. Lo que más rabia me da es que, parece ser que al final de mi nuevo tramo de existencia, tendré que volver a enfrentarme a esa sensación de vacío que da el salto al otro lado. Al abismo más allá del oscuro y misterioso túnel… Pero eso ya será otra historia, porque ésta ya ha llegado a su ¿FIN?

lunes, 18 de febrero de 2008

José Angel Muriel

La de José Angel es la primera biografía de esta sección, como también es su relato el primero en aparecer en la sección de Relatos de Amigos de Letras para Soñar. Confío que detrás vendrán muchos más.
"José Ángel Muriel González nació en Sevilla el 4 de junio de 1972.Residió en la población de Dos Hermanas hasta 1999, año en que contrajomatrimonio y se trasladó a la capital. Es licenciado en Matemáticas por la Universidad de Sevilla y actualmente ejerce como Director de Consultoría en una importante compañía nacional. Siempre sintió interés por los libros y creció leyendo los clásicos.Mientras tanto, su otra afición era el dibujo; dedicaba horas aconfeccionar historietas, dando rienda suelta a la imaginación. Algo más tarde, reemplazó los pinceles por la pluma y comenzó a escribir todo tipo de relatos. Durante los estudios universitarios, se enfrascó en algunos proyectos más serios y participó en varios concursos de cuentos,obteniendo algunos premios. Más tarde, una vez hallada la estabilidad personal y laboral, volvió a la literatura, publicando en 2005 su primera novela, "Ladrones de Atlántida", que ha sido reeditada en 2007. Desde entonces ha visto ampliada su participación en eventos del mundo literario y sigue trabajando en otros proyectos personales."

domingo, 17 de febrero de 2008

Relatos de Amigos de Letras para Soñar


Iniciamos aquí una nueva sección. Como ya os comenté, aquí tendrán acogida todos aquellos relatos de ciencia ficción, terror y fantasía que queráis enviar. Las únicas condiciones son la extensión- unas mil palabras- y que cuidéis la ortografía. Por lo demás, basta que enviéis el relato a josephatticusbirch@hotmail.com.

Comenzamos con el relato Vuelta a Empezar de nuestro amigo José Angel Muriel González.


Título: Vuelta a Empezar
Autor: José Angel Muriel González
Web: http://www.elautor.com/; http://www.joseangelmuriel.com/
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Cuando consigues apartar la hierba, emerges sintiendo el aire que penetra por tus fosas nasales y das gracias porque tu familia no tuviera suficiente dinero para pagar una lápida mayor. Te sientes dominada por la fuerza sobrehumana que te ha permitido romper la madera podrida, remover furiosamente la tierra y abrirte camino desde el ataúd; pero ese poder no les bastará a todos los desafortunados que fueron sepultados en angostos nichos o bajo pesadas losas de mármol.
Tras extraer las piernas del subsuelo, todo tu cuerpo, cubierto de andrajos, comienza a erguirse, recuperando la posición vertical, algo que parecería imposible para un difunto condenado a la eterna horizontalidad. Mientras, los tejidos, orgánicos o no, siguen recomponiéndose. La falda y la blusa dejan de colgar como harapos y la carne continúa regenerándose, rodeando huesos y articulaciones. La vida vuelve a ti.
Apenas guardas memoria de quién eres o cómo te llamas, pero sientes una incipiente lucidez y eres consciente de lo que está sucediendo, aunque resulte inconcebible. A tu alrededor, los moradores de otras tumbas también están despertando. Salen al exterior con semblantes tan desconcertados como el tuyo. La expresión vuelve a sus rostros rejuvenecidos a medida que los músculos dibujan los rasgos y la piel recobra la tersura.
La nieve caída durante los últimos días se agrupa componiendo copos y se eleva hacia el cielo, mezclada con gotas de agua y nubes de vapor. Es un fenómeno nuevo: está lloviendo hacia arriba. Lo estás presenciando y, aun así, te cuesta creerlo.
Como parte del ajuar funerario, te dejaron puesto un viejo reloj de pulsera; ahora vuelve a funcionar, pero las manecillas giran en sentido contrario al habitual. Es de día, pero oscurece con rapidez. El Sol ha recorrido velozmente todo el firmamento y se oculta por oriente, con el resplandor de un amanecer. La nieve se derrite porque hace tan sólo unos instantes era invierno, pero ya es otoño. El tiempo transcurre rápidamente, hacia atrás.
Sin embargo, los movimientos de la naturaleza se van haciendo más lentos, como una goma elástica que se tensó hasta el máximo y poco a poco recupera su estado normal. Toda la existencia se dilató hasta alcanzar sus límites, hasta que la entropía sufrió un revés. Al llegar el último día, se produjo la resurrección de los muertos, como estaba escrito. Todo marcha al revés, de nuevo hacia el principio de los tiempos.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Columna de Superhéroes


Mi última columna en sedice.com trata sobre los superhéroes. Lo cierto es que cuando me senté a escribirla, pensaba hablar de Batman, Superman, Spiderman, etc. Pero me salió esto y a decir verdad, estoy satisfecho. Creo que no hay mejores héroes. ¿Y vosotros? ¿Cuáles son vuestros héroes?

domingo, 10 de febrero de 2008

Lado Extraño. Un avance



LADO EXTRAÑO
Madre Gansa





Madre Gansa tiene la costumbre de dejar a los charlatanes desparejados en la cuerda de tender que tiene al lado del arroyo Fuentefría. Afirma que es la única manera de que vuelvan a emparejarse. Claro que si no lo consiguen, los deja tendidos a la intemperie hasta que se pudren y caen entre gemidos y convulsiones de sus irisados cuerpos, al suelo. Cuando ocurre esto, los echa sin mayor ceremonia al agua del arroyo para que los peces acaben con sus restos.
De todas formas, hay que andar con tiento por si la pareja del desechado vuelve; en ocasiones no se toman a bien no encontrar a su compañero. Uno estuvo a punto de acabar con padre Galante embutiéndose en su garganta mientras dormía y, de no ser por la determinación de madre Gansa que le metió la mano en la boca hasta la muñeca, hoy Galante tendría el dudoso honor de estar tendido en algún campo de maíz alimentando a los grajos y salvando la cosecha de un granjero.

PRIMERA PARTE
CAPÍTULO I
Lobito Germán


Lobo Germán, conocido como Lobito a su pesar, no había pasado buena noche, soñó que le atrapaba un extravagante ente rodador de Lado Extraño y eso le había dejado el hocico encogido y la mirada temerosa. Aún le parecía percibir los olores y las deslumbrantes luces que tanto pánico le infundieron. Sabía que todas esas pesadillas eran fruto de la proximidad de la Prueba Final. Si fracasaba, muy posiblemente algo peor que sus pesadillas se haría realidad.
Esa mañana, Madre le observaba de reojo, aunque en su rostro afilado no había expresión alguna. Sin embargo, Lobito tuvo doble ración de gachas con miel para desayunar y eso le levantó un poco el ánimo.
Sirena Ariel, hermana pequeña de Lobito y a quien le encantaba que llamaran Sirenita, dedicó a su hermano una amplia y maliciosa sonrisa desde el otro lado de la mesa que ocupaba el centro de la cocina. Ariel devoraba un tremendo bol de cereal con zumo de bayas, triturándolo todo con sus afilados dientes de leche. Ella era prometedora: siempre había sido una alumna destacada y todos sus maestros le auguraban un prometedor futuro. Por el contrario, con Germán se conformaban con augurarle que tendría futuro y, a veces, a él le parecía que vacilaban al decirlo.
Madre les advirtió que se dieran prisa, iba a subirle el desayuno a Padre y cuando bajara, no quería verlos ya en casa.
Lobito observó como bailaba el líquido verdoso en los goteros que Madre conectaría a los esqueléticos brazos de Padre. Lobito quería a Galante, aunque deseaba que no fuera un caballero hechizado. Según Madre, sólo que era una cuestión de tiempo, algún día darían con el remedio y Padre volvería a sentarse a la mesa con ellos como antes. Lobito la había oído decir eso tantas veces, que ya dudaba que fuera a ocurrir nunca.
—¿Tuviste pesadillas anoche?— le susurró con retintín Ariel, mientras cruzaban el puente sobre el Fuentefría de camino a bosque Lilith.
—¿Qué dices?— respondió Lobito sin mucha convicción. –Yo nunca tengo pesadillas, eso son cosas de cachorritos.
—Pues tú gimoteabas como un cachorrito— se burló Sirenita. – ¡No, no! ¡Vete, vete! Y juraría que te oí correr a cuatro patas.
Lobito tuvo que admitir que su hermana le imitaba muy bien, demasiado bien. Iban encontrando a otros compañeros conforme se acercaban a la linde de Lilith y no le apetecía que oyeran lo de las pesadillas. Como seguía burlándose de él, le dio un codazo de advertencia. Ariel se revolvió dándole un golpe con la cola en el lomo que alborotó su pelaje azul grisáceo. Al encararse con ella, la irritación nublando sus ojos grises, vio como le hacía una mueca entre divertida y cómplice y él no tuvo más remedio que reírse. Eran hermanos, jamás le ridiculizaría en público.
—¡Leocadia!—, gritó Ariel, saludando a una compañera arpía.—¡Espérame! Cuídate, hermanito—, le susurró a Lobito y, con un ágil giro de su larga cola, se marchó con su amiga.
Mientras tanto, Lobito había visto la mole de ogro Azrael acercándose por detrás de ellos, así que se detuvo para esperarle. El ogro era su mejor amigo y, posiblemente, también fuera el único. Azrael le dedicó una sonrisa amplia, mientras se limpiaba la narizota con la manga de su blusón. Lobito suspiró con resignación. Llevaba algún tiempo intentando enseñarle algunos modales a Azrael, aunque era como pedirle a una percha que se dedicara a repartir besos en lugar de los habituales y mortíferos picotazos.
—¿Cómo va, Azra?— saludó Lobito, intentando ignorar el rastro verdoso que lucía su amigo en las mangas de su amplia blusón.
—Bien, bien. Va todo muy bien. Ezta mañana eztoy máz fuerte que nunca. Madre dice que es porque pronto zeré un ogro completo—. Sorbió los mocos con auténtico placer para añadir: — Eztoy un poco rezfriado, pero no ez nada, ze me pazará. Madre me da miel de eucalipto todaz laz nochez. Eztá rica, ¿zabez? Me refiero a la miel— añadió muy serio, mientras se rascaba la hirsuta mata de pelo negro que coronaba su cabezota. —A vecez me duele la barriga porque como demaziada. Je, je.
Lobito no respondió a su amigo. Para empezar, Azrael siempre estaba resfriado, era algo normal en los ogros inmaduros. Un ogro sin mocos era como un lago sin monstruos: imposible. Luego estaba lo de su madre, los ogros no tienen padres. Era una de las primeras cosas que le enseñaban a uno. No se preguntaba a un ogro por sus padres y tampoco se expresaba extrañeza si los mencionaba, como acababa de hacer Azrael. Los ogros son seres a los que no conviene irritar. Lobito siempre se había sentido confundido sobre este tema, ¿cómo era posible que no tuvieran padres? Había preguntado en más de una ocasión, pero nadie había sido capaz de explicarle el enigma que rodeaba a los ogros.
Por otra parte, quizás no les quedara mucho para despedirse para siempre. Cuando tuviera lugar la Prueba Final, el ogro maduraría como sólo un grande puede hacerlo y los grandes jamás se mezclaban con los demás al alcanzar esa etapa de su vida. El día de la Prueba Final, desaparecían sin dejar rastro. Era cierto que algunos grandes se quedaban, eran aquellos que decidían presentarse a la Prueba Final para intentar formar parte de una tríada. Si lo conseguían, se limitaban a relacionarse con los miembros de su tríada.
Lobito había oído historias sobre los grandes, algunas escalofriantes que prefería no creer y acariciaba la secreta esperanza de superar la Prueba Final y llegar a formar una tríada con Azrael, porque el ogro siempre le había confesado su intención de presentarse a la prueba.
—¿Haz hecho los trabajoz?— le preguntó Azrael de pronto. —Zi no, te pazará algo malo. Yo no quiero que te paze nada malo.
Lobito distinguió la preocupación reflejada en los ojos húmedos e ingenuos de su amigo y decidió que contaran lo que contasen, Azrael era un amigo, y de los mejores.
—No te preocupes Azra, los acabé todos. ¡Vaya!— exclamó, disgustado.— Mira quien está ahí: Garfio Zacarías.
Azrael entrecerró los ojos mientras giraba su enorme corpachón en la dirección que le señalaba Germán. Vio a Garfio reunido bajo las ramas de un gran roble con su grupo de compinches: Lapa Recia, Calavera Roberts y Barba Sangre. Eran todos piratas: violentos, abusones y cobardes. Tenían las cabezas muy juntas y entre sus murmullos escapaba alguna risotada mientras miraban sin disimulo a Lobito y Azrael. Lobito cogió del brazo al ogro.
—Vamos no les prestes atención, pronto llegará la Prueba Final y con suerte, o bien los perdemos de vista porque fracasan, o bien Lado Extraño acaba con ellos.
Azrael asintió, aunque le costó un esfuerzo apartar la mirada de los piratas. El ogro ya había arremetido contra ellos en una ocasión en la que se burlaban de Lobito, pinchándole con unas espadas de madera. En aquella ocasión los maestros se habían conformado con arrancarle un par de uñas al ogro, pero si hubiera una próxima falta de disciplina grave como lo era atacar a un compañero, Azrael no saldría tan bien librado.
—¿Cómo ez Lado Eztraño, Lobito?— preguntó el ogro, olvidando a los piratas.
Germán frunció el velludo ceño, con la Prueba Final tan próxima, su amigo le hacía la misma pregunta casi a diario y casi a diario él le daba la misma respuesta:
—No lo sé, Azra. Hasta la Prueba Final, no nos contarán mucho más de lo que dicen los postulados. Si llegamos a formar parte de una tríada, sabremos bastante más—. Quedó callado unos instantes tras los que añadió: —No creo que sea un lugar agradable, Padre sufrió allí un hechizo hace años y nadie ha sido capaz de despertarle.
Azrael le echó una manaza amistosa al hombro. —Zí pero no te preocupez, he oído que tu padre no valía mucho.
Lobito aguantó las ganas de reírse, no es que le hiciera gracia lo que acababa de decirle sobre su padre, es que el ogro era así. A su manera tosca, intentaba consolarle.
El camino del bosque desembocó en un amplio claro en cuyo centro se alzaba su destino: Casa Hansel.
La espigada y enjuta figura del maestro aracne Rottenmeier les aguardaba con las garras a la espalda, sus cinco ojos de fuego fijos en ellos. Una leve brisa hacía ondear la larga túnica negra del maestro dejando al descubierto las descarnadas y poderosas patas. En su rostro se dibujaba un leve gesto de impaciencia ante el que los pupilos se apresuraron hacia la entrada. Nadie quería suscitar la ira de Rottenmeier.

domingo, 3 de febrero de 2008

Relatos de Amigos de Letras para Soñar

Visto la gran aceptación del I Certamen Literario de Letras para Soñar, está claro que ahí fuera hay mucha gente con excelentes ideas y muchas ganas de llevarlas al papel -a la pantalla supongo que sería la expresión correcta- con el objetivo de que sean leídas. En Letras para Soñar vais a tener la posibilidad de publicar esos relatos. Sólo dos condiciones: Que sean de terror, ciencia ficción y/o fantasía y además, que su extensión no supere las mil palabras.
Espero que os animéis y enviéis vuestras historias.
Os espero.