Imagina una vida tediosa y sin alicientes. Imagina que todo cambia un día (y me refiero a Todo) y que a partir de entonces puedes vivir tu sueño. Imagina que para que tu vida dé ese giro primero hayas tenido que perderla.
Tom Z. Stone no tiene que imaginarlo. Es un zombi, un reanimado (o un puto zeta de mierda, según opiniones), dedicado en su nueva (y forzosamente breve) existencia al pintoresco oficio de detective privado; viviendo a fondo el arquetipo novelesco, actitud y principios incluidos.