Escribir es hablar, comunicarse con un público lector que en el fondo desconoces (sí, sabes quiénes van a ser algunos de ellos: tu familia, amigos, etc., pero ignoras la identidad de la mayoría).
Cuando cualquiera de nosotros se dirige a alguien, "adapta", de una manera más o menos consciente, aquello que quiere contar a las circunstancias de la conversación, (ya sea oral, telefónica o por mail/sms) y se adapta también al receptor. Sin embargo, cuando escribes no te diriges a alguien en concreto. Por eso, tampoco puedes ir valorando sobre la marcha las reacciones a tu discurso con lo que ignoras si vas bien o mal. Vamos, ignoras si tu mensaje está llegando a su destino o no. Y es que las reacciones se producen cuando ya tienes el libro en la calle y entonces, es cuando comienzas a sudar (hablo de mí) y a tener dudas sobre la validez de lo que has escrito. Y estás en ese sin vivir hasta que lees alguna crítica; cuando sale la primera y compruebas que has llegado a buen puerto, te relajas. De acuerdo con que hasta recibir dos o tres no deberías dar por sentado el mayor o menor acierto de tu obra, pero si la crítica parte de alguien como Enric Herce, entonces, yo al menos, suelto un bufido aliviado y me lanzo a seguir aporreando las teclas del ordenador pensando que voy por el buen camino.
| Enric Herce |
