domingo, 10 de febrero de 2008

Lado Extraño. Un avance



LADO EXTRAÑO
Madre Gansa





Madre Gansa tiene la costumbre de dejar a los charlatanes desparejados en la cuerda de tender que tiene al lado del arroyo Fuentefría. Afirma que es la única manera de que vuelvan a emparejarse. Claro que si no lo consiguen, los deja tendidos a la intemperie hasta que se pudren y caen entre gemidos y convulsiones de sus irisados cuerpos, al suelo. Cuando ocurre esto, los echa sin mayor ceremonia al agua del arroyo para que los peces acaben con sus restos.
De todas formas, hay que andar con tiento por si la pareja del desechado vuelve; en ocasiones no se toman a bien no encontrar a su compañero. Uno estuvo a punto de acabar con padre Galante embutiéndose en su garganta mientras dormía y, de no ser por la determinación de madre Gansa que le metió la mano en la boca hasta la muñeca, hoy Galante tendría el dudoso honor de estar tendido en algún campo de maíz alimentando a los grajos y salvando la cosecha de un granjero.

PRIMERA PARTE
CAPÍTULO I
Lobito Germán


Lobo Germán, conocido como Lobito a su pesar, no había pasado buena noche, soñó que le atrapaba un extravagante ente rodador de Lado Extraño y eso le había dejado el hocico encogido y la mirada temerosa. Aún le parecía percibir los olores y las deslumbrantes luces que tanto pánico le infundieron. Sabía que todas esas pesadillas eran fruto de la proximidad de la Prueba Final. Si fracasaba, muy posiblemente algo peor que sus pesadillas se haría realidad.
Esa mañana, Madre le observaba de reojo, aunque en su rostro afilado no había expresión alguna. Sin embargo, Lobito tuvo doble ración de gachas con miel para desayunar y eso le levantó un poco el ánimo.
Sirena Ariel, hermana pequeña de Lobito y a quien le encantaba que llamaran Sirenita, dedicó a su hermano una amplia y maliciosa sonrisa desde el otro lado de la mesa que ocupaba el centro de la cocina. Ariel devoraba un tremendo bol de cereal con zumo de bayas, triturándolo todo con sus afilados dientes de leche. Ella era prometedora: siempre había sido una alumna destacada y todos sus maestros le auguraban un prometedor futuro. Por el contrario, con Germán se conformaban con augurarle que tendría futuro y, a veces, a él le parecía que vacilaban al decirlo.
Madre les advirtió que se dieran prisa, iba a subirle el desayuno a Padre y cuando bajara, no quería verlos ya en casa.
Lobito observó como bailaba el líquido verdoso en los goteros que Madre conectaría a los esqueléticos brazos de Padre. Lobito quería a Galante, aunque deseaba que no fuera un caballero hechizado. Según Madre, sólo que era una cuestión de tiempo, algún día darían con el remedio y Padre volvería a sentarse a la mesa con ellos como antes. Lobito la había oído decir eso tantas veces, que ya dudaba que fuera a ocurrir nunca.
—¿Tuviste pesadillas anoche?— le susurró con retintín Ariel, mientras cruzaban el puente sobre el Fuentefría de camino a bosque Lilith.
—¿Qué dices?— respondió Lobito sin mucha convicción. –Yo nunca tengo pesadillas, eso son cosas de cachorritos.
—Pues tú gimoteabas como un cachorrito— se burló Sirenita. – ¡No, no! ¡Vete, vete! Y juraría que te oí correr a cuatro patas.
Lobito tuvo que admitir que su hermana le imitaba muy bien, demasiado bien. Iban encontrando a otros compañeros conforme se acercaban a la linde de Lilith y no le apetecía que oyeran lo de las pesadillas. Como seguía burlándose de él, le dio un codazo de advertencia. Ariel se revolvió dándole un golpe con la cola en el lomo que alborotó su pelaje azul grisáceo. Al encararse con ella, la irritación nublando sus ojos grises, vio como le hacía una mueca entre divertida y cómplice y él no tuvo más remedio que reírse. Eran hermanos, jamás le ridiculizaría en público.
—¡Leocadia!—, gritó Ariel, saludando a una compañera arpía.—¡Espérame! Cuídate, hermanito—, le susurró a Lobito y, con un ágil giro de su larga cola, se marchó con su amiga.
Mientras tanto, Lobito había visto la mole de ogro Azrael acercándose por detrás de ellos, así que se detuvo para esperarle. El ogro era su mejor amigo y, posiblemente, también fuera el único. Azrael le dedicó una sonrisa amplia, mientras se limpiaba la narizota con la manga de su blusón. Lobito suspiró con resignación. Llevaba algún tiempo intentando enseñarle algunos modales a Azrael, aunque era como pedirle a una percha que se dedicara a repartir besos en lugar de los habituales y mortíferos picotazos.
—¿Cómo va, Azra?— saludó Lobito, intentando ignorar el rastro verdoso que lucía su amigo en las mangas de su amplia blusón.
—Bien, bien. Va todo muy bien. Ezta mañana eztoy máz fuerte que nunca. Madre dice que es porque pronto zeré un ogro completo—. Sorbió los mocos con auténtico placer para añadir: — Eztoy un poco rezfriado, pero no ez nada, ze me pazará. Madre me da miel de eucalipto todaz laz nochez. Eztá rica, ¿zabez? Me refiero a la miel— añadió muy serio, mientras se rascaba la hirsuta mata de pelo negro que coronaba su cabezota. —A vecez me duele la barriga porque como demaziada. Je, je.
Lobito no respondió a su amigo. Para empezar, Azrael siempre estaba resfriado, era algo normal en los ogros inmaduros. Un ogro sin mocos era como un lago sin monstruos: imposible. Luego estaba lo de su madre, los ogros no tienen padres. Era una de las primeras cosas que le enseñaban a uno. No se preguntaba a un ogro por sus padres y tampoco se expresaba extrañeza si los mencionaba, como acababa de hacer Azrael. Los ogros son seres a los que no conviene irritar. Lobito siempre se había sentido confundido sobre este tema, ¿cómo era posible que no tuvieran padres? Había preguntado en más de una ocasión, pero nadie había sido capaz de explicarle el enigma que rodeaba a los ogros.
Por otra parte, quizás no les quedara mucho para despedirse para siempre. Cuando tuviera lugar la Prueba Final, el ogro maduraría como sólo un grande puede hacerlo y los grandes jamás se mezclaban con los demás al alcanzar esa etapa de su vida. El día de la Prueba Final, desaparecían sin dejar rastro. Era cierto que algunos grandes se quedaban, eran aquellos que decidían presentarse a la Prueba Final para intentar formar parte de una tríada. Si lo conseguían, se limitaban a relacionarse con los miembros de su tríada.
Lobito había oído historias sobre los grandes, algunas escalofriantes que prefería no creer y acariciaba la secreta esperanza de superar la Prueba Final y llegar a formar una tríada con Azrael, porque el ogro siempre le había confesado su intención de presentarse a la prueba.
—¿Haz hecho los trabajoz?— le preguntó Azrael de pronto. —Zi no, te pazará algo malo. Yo no quiero que te paze nada malo.
Lobito distinguió la preocupación reflejada en los ojos húmedos e ingenuos de su amigo y decidió que contaran lo que contasen, Azrael era un amigo, y de los mejores.
—No te preocupes Azra, los acabé todos. ¡Vaya!— exclamó, disgustado.— Mira quien está ahí: Garfio Zacarías.
Azrael entrecerró los ojos mientras giraba su enorme corpachón en la dirección que le señalaba Germán. Vio a Garfio reunido bajo las ramas de un gran roble con su grupo de compinches: Lapa Recia, Calavera Roberts y Barba Sangre. Eran todos piratas: violentos, abusones y cobardes. Tenían las cabezas muy juntas y entre sus murmullos escapaba alguna risotada mientras miraban sin disimulo a Lobito y Azrael. Lobito cogió del brazo al ogro.
—Vamos no les prestes atención, pronto llegará la Prueba Final y con suerte, o bien los perdemos de vista porque fracasan, o bien Lado Extraño acaba con ellos.
Azrael asintió, aunque le costó un esfuerzo apartar la mirada de los piratas. El ogro ya había arremetido contra ellos en una ocasión en la que se burlaban de Lobito, pinchándole con unas espadas de madera. En aquella ocasión los maestros se habían conformado con arrancarle un par de uñas al ogro, pero si hubiera una próxima falta de disciplina grave como lo era atacar a un compañero, Azrael no saldría tan bien librado.
—¿Cómo ez Lado Eztraño, Lobito?— preguntó el ogro, olvidando a los piratas.
Germán frunció el velludo ceño, con la Prueba Final tan próxima, su amigo le hacía la misma pregunta casi a diario y casi a diario él le daba la misma respuesta:
—No lo sé, Azra. Hasta la Prueba Final, no nos contarán mucho más de lo que dicen los postulados. Si llegamos a formar parte de una tríada, sabremos bastante más—. Quedó callado unos instantes tras los que añadió: —No creo que sea un lugar agradable, Padre sufrió allí un hechizo hace años y nadie ha sido capaz de despertarle.
Azrael le echó una manaza amistosa al hombro. —Zí pero no te preocupez, he oído que tu padre no valía mucho.
Lobito aguantó las ganas de reírse, no es que le hiciera gracia lo que acababa de decirle sobre su padre, es que el ogro era así. A su manera tosca, intentaba consolarle.
El camino del bosque desembocó en un amplio claro en cuyo centro se alzaba su destino: Casa Hansel.
La espigada y enjuta figura del maestro aracne Rottenmeier les aguardaba con las garras a la espalda, sus cinco ojos de fuego fijos en ellos. Una leve brisa hacía ondear la larga túnica negra del maestro dejando al descubierto las descarnadas y poderosas patas. En su rostro se dibujaba un leve gesto de impaciencia ante el que los pupilos se apresuraron hacia la entrada. Nadie quería suscitar la ira de Rottenmeier.

4 comentarios:

francoix dijo...

Felicidades, Joe.
lo que has puesto en el blog, es bastante curioso.
¡¡¡Tendré que leer algo más!!!

J.E. Alamo dijo...

Pues a ver si hay suerte y no tarda mucho en ver a luz...

Enric Herce dijo...

Pues a ver si sale pronto de la oscuridad que a mí también me ha picado la curiosidad.
Ops, perdón por el pareado.

El Guardián dijo...

Hola J.E.
De lo nuevo tuyo que he leído en tu blog, me gusta especialmente este adelanto de "Lado Extrañó". Así que aprovecho para dejar aquí un comentario.
Por lo que dices, ahora estás más puesto con "Penitencia", pero espero que no dejes de lado esta otra novela (o colección de cuentos), porque, por lo menos este adelanto, ha despertado enormemente mi curiosidad.
Aunque es demasiado poco y algo críptico para hacerse realmente una idea, me parece que, por mis gustos y por lo que adivino de ella, esta novela puede tocarme la fibra.
¡A ver si pronto la retomas!
Por otro lado, agradecerte una vez más tu deferencia hacia mi blog y espero que te guste lo que vayas leyendo por allí.