martes, 3 de junio de 2008

Spielberg es un Friki


Miguel Martín Cruz es el autor de este artículo sobre Spielberg que incluye una curiosa reflexión sobre el director y sus obsesiones. Aunque el artículo no trata directamente sobre la última de Indiana, sí incluye algunos comentarios al respecto que quizás, fastidien al que no ha visto la película. Avisados estáis.




SPIELBERG ES UN FRIKI





Spielberg es un friki. Y no lo digo yo, sino que es él quien lo grita a los cuatro vientos con cada película que realiza. Persecuciones con camiones asesinos, tiburones zampándose bañistas, fantasmas salvadores, arqueólogos freelance, infantiloides países de nunca jamás, odiosos niños robóticos, distopías anticipatorias. Y sobre todo dos ingredientes que el director ha debido mamar desde su infancia: dinosaurios y extraterrestres (anda que no debieron caerle collejas en el colegio al amigo Steven…).
Su afición por los dinosaurios dieron como fruto una innovación tecnológica aplicada a los efectos especiales y un lamentable homenaje a King Kong en una prescindible secuela. ‘Parque Jurásico’ reunía aventura, terror y ciencia ficción, una mezcla patentada por Spielberg y cuyo esquema ha seguido infinidad de veces.
Es a su afición por los extraterrestres a la que dedicaré la mayor parte de este escrito, sobre todo porque dio como fruto dos de las películas más emblemáticas del cine de ciencia ficción de los 70 y 80: ‘Encuentros en la tercera fase’ y ‘E.T.’. Donde quedaba claro que si algo es Spielberg además de friki, es ñoño. Sus ‘happy end’ son casi tan legendarios como su gusto por el género fantástico (casi siempre en su vertiente más Light, eso sí). Con los años el colega Steven ha seguido cultivando su gusto por la ufología (al más puro estilo J.J.Benítez o Íker Jiménez), dejando claro que se trata no tanto de un hobbie como de una obsesión.
Como productor Spielberg ha puesto dinero en aquella película de seres de dudosa procedencia pero de cabronadas aseguradas llamados ‘Gremlins’, dirigida por su amiguete Joe Dante. También produjo ‘Nuestros maravillosos aliados’, historia sentimentaloide (qué raro, ¿no?) sobre platillos volantes colaboradores con los más necesitados. En ‘Men in Black’ se cambiaron las buenas intenciones por las vaciladas constantes, un entretenimiento a cargo de una organización encomendada a mantener en orden la comunidad marciana que vive entre nosotros (Michael Jackson incluido). E incluso aportó dinero en aquella divertida teoría sobre evolución extraterrestre llamada ‘Evolution’ en la que salía el agente Mulder enseñando el culo. Y es que Spielberg, además de friki y ñoño, es ante todo un tipo listo que parece que huele donde hay pasta. Debe ser eso que dicen que dinero llama a dinero…
Como además parece que a este tío le sobran algunos de sus millones (y mucho de su tiempo libre), también ha producido un par de series de televisión con temática extraterrestre: la mítica ‘Cuentos asombrosos’ (en la que algunos de sus episodios más recordados contaban con presencia de marcianitos) y la más reciente ‘Abducidos’ (¿es necesario explicar de qué trata con semejante título?).
Si hay algo que caracteriza al llamado rey-Midas-del-cine (además de ser un friki ñoño y listillo) es ser inmensamente rico, lo que pone de relevancia que este subgénero de seres espaciales es a día de hoy altamente beneficioso. Ha rentabilizado de sobra sus obsesiones infantiles y cinematográficas, ya sea a base de películas o a golpe de merchandising hortera.
Quizás Spielberg haya jugado más de la cuenta al ‘Space invaders’, o quizás es que se junta demasiado con su amigo George Lucas. El caso es que ha seguido ahondando en su gusto por el espacio exterior incluso en este nuevo milenio, adaptándolo a un clima catastrofista y paranoico muy acorde con los tiempos que corren. Así, en su última incursión en el género transformó a sus bondadosos marcianos en destructores hijos de perra en la infravalorada ‘La guerra de los mundos’ (aunque el ‘happy end’ en forma de apología de la familia sea igualmente reconocible).
¿Pero es esta realmente su última película con marciano incluido? Pues no, y quien haya visto ‘Indiana Jones y el reino la calavera de cristal’ sabrá de lo que hablo. En la cuarta entrega de las aventuras del arqueólogo más conocido de la historia del cine (y de la historia en general, por muy ficticio que sea) Spielberg se desliga de las anteriores entregas integrando en su trama elementos propios de la ciencia ficción más clásica. Nada excesivamente grave si no fuera por lo explícito y torpe de su final, que deja con una boca abierta de extrañeza tanto a los que esperaban esta nueva película desde hace meses con cuchillos de cocina dispuestos a despellejarla viva, como a los que esperaban abrazarse con brazos, piernas y dientes al arqueólogo, ansiosos de revivir una vieja aventura como las de antes. Tengas las expectativas que tengas respecto a este film, te guste en su cómputo global o no, la consideres digna sucesora de las anteriores andanzas de Indy o una simple tomadura de pelo, la cara de bobo que se te queda al salir del cine es como para enmarcarla.Y es que a mí Spielberg ya no me engaña. Un día de estos tendré que revisar ‘La lista de Schindler’ o ‘Salvar al soldado Ryan’, y me apuesto medio sueldo de este friki-ñoño-listillo-millonario a que aparece un marciano por algún lado. No sé si disfrazado de nazi o conduciendo un tanque de la Segunda Guerra Mundial. Pero seguro que lo hay

1 comentario:

Monelle dijo...

Debe ser que por que bebo del mismo frikismo que él, sigo adorando cada uno de esos films. Y lo adoré por que aquellas historias que me encantaban, tenían en su mano el reflejo que necesitaba para seguir soñando, o más bien supo darle forma a los mismos sueños que tenía. A mi no me molesta el cine de marcianitos de Spilberg, por el contrario he de confesar que salvo el Color púrpura, no he visto ni La lista... ni Salvar al... ni Amistad... ni ninguna otra ñoñería impregnada de seriedad y carente de fantasía mágica y frikismo de manual. Para mi, divino frikismo el de este genio del celuloide. Y que le dure muchos años más.

Carmen