lunes, 3 de diciembre de 2007

Un avance de mi próxima novela...

Empecé a escribir Penitencia hace cosa de dos meses. Me está costando bastante ya que no es tiempo precisamente lo que me sobra. De todas formas, me gusta lo que va saliendo. Aquí tenéis un adelanto. A ver si os gusta.
PENITENCIA

El Segador

Hoy, Pedro me ha pegado en el recreo.
Papá y Mamá se han matado en un accidente.
No me han llevado al parque. Está todo el mundo llorando.
Mañana a Pedro lo voy a descalabrar.
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La tía Angustias dice que no sabe qué va a hacer conmigo.
Me ha pellizcado en la espalda por lo que le hice al gato. Dice que soy perverso.
No he llorado.
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La tía Angustias tiene novio, cree que no lo sé. Es el Bernardino.
Le he roto todos los cristales al coche del Bernardino.
La tía Angustias me tiene miedo.
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El Bernardino ha hecho llorar a la tía Angustias. Creo que la deja. Creo que por mi culpa.
He tocado a Lucía, si se lo cuenta a alguien le cortaré las tetas.
Mañana le pincho las ruedas al coche del Bernardino.
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La tía Angustias estaba en la bañera con las muñecas sangrando.
Se las había cortado ella.
Aun respiraba.
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Hoy entierran a la tía Angustias. Todo el mundo dice que se suicidó y me dan palmaditas en la espalda.
Al Bernardino lo he visto de lejos. Me miró con odio. Y con miedo.
He dormido en la cama de la tía Angustias. Olía a añejo. No se lavaba mucho la muy cerda.
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Han aparecido primos por todas partes. Parecen cucarachas. Por lo de la herencia. He hablado con algunos. No creo que vuelvan.
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Me largo de esta mierda de pueblo.
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Hoy me he chutado dos veces.
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Me he hecho a una abuela, le saqué doscientos.
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Me he hecho a un abuelo, sólo tenía cincuenta. Me ha cabreado. Al final daba un poco de asco.
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Anoche pegué un polvo. Un condón reseco me colgaba de la herramienta. No me acuerdo con quién lo he hecho. Espero que fuera una tía.
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Borracho y colocado, tomé la escopeta y me la metí en la boca.
No me quedaba nada por hacer.
Fue cuando el cuarto desapareció.
Y tuve paz.
Paz y contemplación.
La contemplación de lo absoluto.
Nada que añadir, nada que restar.
Nada.
No estaba muerto, no. Jamás había estado tan vivo.
Tampoco estaba solo. El estaba conmigo y me mostró algo, algo que había ocurrido hacía una eternidad. Un accidente. Un leve susurro que acabó en estruendo impactando en la superficie desprevenida de la perfección. El se encargó de que tornara la calma, pero hubo consecuencias. Y las consecuencias amenazan con volver. Con destruir esa belleza absoluta.
Me sentí conmovido, al borde de las lágrimas. Yo que sólo había llorado cuando algo se me metía en el ojo.

Llorar es de nenazas.

No lo es, no. El enjugó mi llanto y me hizo fuerte. Luego me habló.
No sé cuánto duró mi iluminación, al volver al cuartucho, todo parecía igual, pero hasta ese momento el tiempo nunca me había preocupado demasiado. Ahora sí, ahora sé lo que tengo que hacer. Tengo un cometido. Las consecuencias. He de acabar con ellas. Segar su presencia. Y el tiempo sí es importante. El cuenta conmigo.
Cuando todo termine, volveré con El.

1 comentario:

Gustavo dijo...

Si señor, mas alimento para mi ya mal acostumbrado vicio de leerte... solo habia una cosa que podias hacer para calmar el ansia de mis "papilas lectoras" ademas de empezar otra novela y era empezar un blog. Celebro que lo hayas hecho y te animo que escribas en el todo lo que puedas.
Aunque debo comentarte que no entiendo que tengas tantos problemas con la informatica, teniendo un informatico en la familia...