viernes, 29 de febrero de 2008

Mi Amigo de José Soriano


Resulta curioso que este relato se titule Mi Amigo, ya que José es amigo mío y ha hecho un esfuerzo escribiendo este su primer relato. Me pide comprensión al ser eso, el primero. No creo que la necesite. Juzgad vosotros.






MI AMIGO
Por José Soriano de Valencia





Han pasado ya tres días desde que pasó, sé que no está bien, que esto no es tal y como debería ser, me siento triste y asqueado conmigo mismo, pero por otro lado pienso que a él no le habría importado, que dada la situación lo entendería.
Yo nunca tuve la intención de llegar hasta esto, nunca si quiera lo imaginé, por muchas penurias que hubiésemos podido pasar, era, bueno, aún es mi mejor amigo, si él no hubiera estado a mi lado no habría sobrevivido.
Salimos hace unos 10 días, más o menos, anduvimos durante mucho rato desde que aquel amable hombre nos llevó en su camioneta hasta perder de vista toda civilización. La verdad, me extrañó que alguien recogiera a un trotamundos, con una mochila y un perro por equipaje, pero bueno, aún queda gente que no ha perdido la fe en los demás. Quizás si hubiese sabido lo que podría llegar a hacer, no me habría dejado subir a su vehículo.
Era aproximadamente mediodía, más que por la hora solar, porque recuerdo el hambre y que compartimos unos trozos de queso y pan, algo raído, aunque ninguno de los dos le hicimos ascos.
Habíamos agradecido con un apretón de manos y algunas cabriolas al bajar de la camioneta a este buen hombre que nos hubiese evitado parte del largo camino que nos esperaba. Realmente no sabía con exactitud a donde debíamos ir, pero confié en el instinto de mi compañero de fatigas, porque siempre llegábamos a algún lugar donde refrescarnos y descansar, puesto que la única compañía que anhelábamos era la del otro, sin necesitar al resto del mundo. Anduvimos muchas veces sin un rumbo fijo. Nadie nos esperaba ni nosotros esperábamos a nadie.
Tras descansar un rato comenzamos a caminar, apenas había vegetación alrededor, la arena era casi parda, y tanto espacio abierto invitaba a gritarle al sol y a correr como locos sin ir a ninguna parte, al fin los dos solos, sin ruidos, sin los olores de los albergues, pudiendo dormir uno junto a otro sin tener que dejar parte de tu ser apartado de ti porque no se admiten perros en los albergues sociales, porque si teníamos que mendigar comida durante nuestras aventuras y nos sonreía la suerte de que algún alma caritativa nos dejara pasar al almacén para darnos algo de comer, siempre oíamos la misma cantinela: "el perro se queda fuera".
Anduvimos sin rumbo hasta que la noche nos sorprendió, aunque no importaba demasiado, en aquellos parajes no hacía demasiado frío, en contra de lo que la gente dice de que en el desierto las noches son terribles. Dormimos bastante bien, quizás por que estábamos bastante curtidos de pasar noches, no pocas, durmiendo por las calles de medio mundo.
Pero cuando despertamos noté en la mirada de mi compañero una tristeza extraña, como si algo se le hubiese escapado de dentro durante la noche, aunque cuando empecé a caminar me siguió sin poner reparos y pareció encontrarse mas alegre.
Fue otro día de sol, arena, juegos, gritos, de gozar de la libertad que sólo se disfruta cuando estas lejos de las molestias de los que te miran y se apartan de ti asustados o asqueados, otro día de felicidad.
Compartimos de nuevo algo más de queso y pan, lo sé una dieta poco variada, pero era lo que había. Nuestra despensa y medios, como os podéis imaginar eran muy limitados.
Pasamos varios días mas, entre juegos, largas caminatas, muchas caricias y charlando como si pudiésemos realmente entendernos.
Ese amanecer fue diferente, al intentar levantarse, parecía como si las fuerzas lo hubiesen abandonado, tenía la respiración agitada y la mirada mas triste que jamás había visto. Tuve mucho miedo, no en vano había sido mi único compañero durante mas de 10 años, pero pensé que comiendo algo y descansando se repondría, así que me eché junto a el y comimos el poco queso, si otra vez queso, que nos quedaba, pensando que en cuanto se recuperase partiríamos hacia algún lugar donde conseguir algo de comida. Volví a despertar algún tiempo después y me sorprendió creer ver una lágrima en sus ojos, nunca lo había visto tan abatido, una terrible idea empezó a llenar mi cabeza, imágenes de muerte me llegaban desde cualquier lugar al que mirase. Tenía que hacer algo, pero temía dejarlo solo, realmente temía dejar morir mis últimos 10 años de alegría y cariño verdadero allí, tirados en la arena bajo un sol que cada rato era más cruel. Todo aquel hermoso paisaje empezó a parecerme cada momento más triste y desolado.
Esa noche si que fue realmente fría, no tanto por la temperatura, sino por el frío que ya habitaba dentro de mí, por esa dolorosa sensación de vacío y de angustia que te atenaza cuando sabes que algo esta a punto de ocurrir y darías lo que fuese por que no sucediera. Me acurruqué a su lado, tratando de mantener su calor con el mío, mirándolo, tratando de advertir cualquier gesto o cualquier señal que revelase que estaba equivocado, cuando de repente, sin previo aviso, amaneció, un amanecer que trajo consigo la pena y la rabia, pena por que en nada me había equivocado, su cuerpo estaba rígido y frío y rabia por que había dejado escapar ante mis dormidos ojos las últimas horas de vida del que fuera mi mejor, no, no mi mejor, mi único amigo.
Traté de despertarlo desesperadamente, zarandeándolo, besándolo, gritando junto a su oído, pero no hubo respuesta, no hubo forma de hacer retroceder aquello que lo había alcanzado, pero de todas formas no iba a acabar así, no iba a dejarlo allí, solo en medio de ninguna parte, tenía que llevarlo conmigo hasta encontrar un lugar donde descansar.
Lo arrastré como pude, ya agotado por el dolor, el hambre y la sed, pero con la firme intención de continuar hasta que las fuerzas me dejasen del todo, había perdido en mi ensueño de sufrimiento, el sentido práctico, solo anhelaba acompañarlo y no desprenderme de él, hasta que una punzada en mi mente me recordó de repente que él ya no estaba y que si no hacía algo rápidamente yo acabaría del mismo modo, seguro que él no hubiese querido que eso sucediese así, mí fe en ese pensamiento y el instinto de supervivencia me hicieron tomar una terrible decisión.....


WAKO JOURNAL

29.02.08

ENCONTRADO EL CADAVER MUTILADO DE UN INDIGENTE


Una familia de la localidad de Waco encuentra el cadáver mutilado de un indigente sin identificar durante una excursión este sábado.
Según afirman los servicios de urgencias estatales, los restos se encontraban en pésimo estado, aparentemente devorados por un animal de gran tamaño.
Otro vecino de la localidad afirma haber transportado días atrás a un hombre junto a su enorme perro hasta el cruce de......

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, entrañable.

Monelle dijo...

Se deja leer y se disfruta. Saludos.

Anónimo dijo...

llega muy hondo. Muy emotivo, excelentemente escrito.