miércoles, 18 de febrero de 2009

Sarah


Quienes visitáis mi blog con cierta frecuencia, sabréis de mi hija Sarah y su desbordante imaginación (rasgo que supongo comparten los niños en general). De estos últimos días son las dos historias que incluyo a continuación. A mí me dieron que pensar. Espero que os gusten.



Hace un par de noches cuando se iba a acostar.


-Papi, tengo miedo de la oscuridad.

-No tienes que tener miedo, cariño. En casa no hay nada que te pueda hacer daño.

-Ya, pero cuando la miro fijamente hay cosas que se mueven y que me miran a mí y me dan miedo.



Esta fue la última "táctica" que empleó para venirse a dormir a nuestra cama. A veces me pone los pelos de punta. Por si os lo estáis preguntando, sí, se vino a dormir con nosotros.



Viniendo del colegio hará una semana.


-Vamos a jugar a que no nos pillen los monstruos.

-¿Y cómo jugamos a eso?

-No hay que mirarles a la cara.

-¿Y dónde están?

-Yo te lo digo... Esos señores ¡No los mires!


(Aparto la mirada echando un vistazo de soslayo. La pareja es de lo más normal)

-¿Son monstruos?


(Se queda pensativa con la cabeza gacha mientras nos cruzamos con la pareja en cuestión)

-Sí, hacen niños.

(Mirada perpleja por mi parte)

-Los hacen y luego los venden para que trabajen.

-Sí que son monstruos, sí.

-Ya te lo dije.


Mucho me temo que esto sea el fruto de lo que ocurre día a día y de los consejos que les damos tanto nosotros como en el colegio, sobre el cuidado que han de tener con los extraños.





9 comentarios:

Jorge Ruiz dijo...

Yo también estoy sorprendido de los razonamientos de los niños, y supongo que es por qué se nos ha olvidado que nosotros lo fuímos algún día.

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Tienes una escritora en casa! Ya sois dos!

carlos dijo...

Tu hija Sarah, además de poseer una desbordante imaginación (que lo podrá aprovechar el día de mañana para ser una buena escritora), tiene toda la razón por lo que está pasando últimamente con los secuestros, muertes de niñas y lo que seguirá pasando por desgracia.
Enhorabuena por tu blog.

David Mateo dijo...

Y además es muchísimo más guapa que su papá :p

J.E. Alamo dijo...

De los niños se aprende (recuerda) la capcidad de asombrarnos que jamás deberíamos de perder, Jorge.
¿Escritora? Ojalá. Imaginación no le falta.
¿Guapa? Lo más hermoso que veo a diario... y mi mujercita también.
Gracias, Carlos. Me lagra tenerte por aquí.

Enric Herce dijo...

Tu hija, en cuatro días, se pone a escribir y lo peta. :)

J.E. Alamo dijo...

Si a ella le hace feliz, a mí también, Enric.

Jessie dijo...

Sarah es maravillosa. La anécdota de los monstruos me ha dejado tan perpleja como te dejó a ti.
Pero en lo de las sombras, tengo que decirte que le doy toda la razón. A mí me pasaba lo mismo, lo recuerdo perfectamente… no lo podía evitar. Llegaba la hora de dormir y abría los ojos como platos mirando cualquier rincón, y claro, siempre encontraba algo sospechoso que me acababa por parecer terrible.
Pero una noche aprendí a disfrutar de la oscuridad, y a jugar con ella. Como si me encontrase en un refugio, me escondía debajo de las mantas y soñaba que estaba viviendo una aventura en una acampada, o navegando bajo las estrellas en un barco de velas, o en una nave espacial atravesando las galaxias, o en un submarino…

Bueno, sea como sea, paciencia que toda pasa, y a seguir alimentando esa preciosa y creativa cabecita.

J.E. Alamo dijo...

Lo cierto es que mis terrores infantiles se asemejaban mucho a los de Sarah. Y sí, también creé mundos en cualquier rincón de la casa. ;-)