lunes, 23 de marzo de 2009

El Dinosaurio nunca se fue


Y sigo recuperando algunas de las columnas que escribí para sedice.com. No todas, pero algunas conservan interés como esta que os ofrezco hoy.

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” De Augusto Monterroso

En la última kedada celebrada en Valencia, tuve ocasión de escuchar a dos escritores afirmar que no volverían a abordar el relato como modo de expresión ya que no resulta un medio válido para alcanzar aquello a lo que todo escritor aspira: ser leído. Durante la conversación, manejaron cifras de venta de obras dedicadas al relato y los números resultaban reveladores a la vez que decepcionantes. Dejando aparte a monstruos, nunca mejor definidos, como King, Asimov y algún otro autor consagrado, el relato no vende. Igual da que sea Bradbury, Dahl, Borges o cualquier nombre sentado a la mesa de los clásicos. El porqué, lo ignoro. De hecho soy lector de relatos. Me gustan. Un buen relato que consiga su objetivo: plasmar en un número de líneas más bien escaso, el desarrollo de una historia otorgando libertad al lector para emprender senderos apenas esbozados, me ha atraído siempre y he leído desde Bradbury a Monterroso pasando por King, Dahl, Asimov, Mattheson y un largo etcétera que me han dispensado horas de lectura plenas de emociones y satisfacciones.
Así que de lector de relatos, era casi lógico que pasara a escritor de relatos.

Uno de los autores presentes en la kedada, expresó su sorpresa ante el hecho de que me hubieran publicado El Enviado – mi primera obra en papel- siendo como es, una serie de relatos.

La verdad es que cuando escribo, encuentro difícil imponer a las criaturas de mi mente calenturienta, un contexto narrativo específico. Quiero decir, que si ellos eligen vivir su devenir con brevedad, el intento de alargar la trama sólo consigue que me miren con mala cara. Incluso corro el riesgo de que algunos acaben aburriéndose y se marchen a jugar a otras plumas, esquivando mis intentos por recuperarlos con promesas y halagos.

De todos modos, toda la discusión no hizo más que avivar la duda que ya albergaba sobre la viablidad del relato. Huelga decir que mi objetivo al escribir es que ser leido por cuanta más gente mejor. Escribir con la idea de que pocos te van a leer, es como pintar para exponer en un cuarto sin luz: no tiene sentido. Y sin embargo, no desisto. No podría. Cierto que ahora trabajo en una novela, pero sigo amando el relato como vehículo para mis personajes y sus vivencias.


Sigo también, amando el relato como lector y recientemente he disfrutado de un recopilación de Matheson –sí, el de Soy Leyenda- que hasta incluía historias de tres páginas. ¿Qué habría sido de su obra si hubiera decidido que el relato no era un vehículo válido? Cierto que en los países de habla inglesa el relato tiene más aceptación, pero no creo que los obstáculos hubieran detenido a alguien como Matheson o Asimov o Clarke o al mismísimo Monterroso. Por lo tanto, quizás peque de testarudo, pero no pienso encorsetar mi pluma,
(Vale, vale: mi teclado)
y persistiré en el empeño de que el dinosaurio de Monterroso siga provocando inquietud en el sueño de su durmiente.
Y tú, lector, recuerda que todavía estaré aquí cuando despiertes.

10 comentarios:

Ardilla Roja dijo...

Hola J.E: Yo espero que el relato no deje de ser un vehículo válido, por que si no, ya me puedo despedir de siquiera soñar con ser leída en papel.

Ahora bien, tratar la frase de Monterroso de relato, me parece excesivo por muy genial que sea, cosa que también me parece discutible.

"cuando abrió la ventana, la golondrina seguía en el nido". Esta como es mía, parece una chorrada, pero si a alguien se le antojara que no, pues no lo sería.

Que relativo es todo

J.E. Alamo dijo...

Lo cierto es que estoy de acuerdo contigo, Monterroso fue un gran escritor pero la consideración de genialidad de este ¿relato? quizás fuera excesiva. Pero ya sabes como son las cosas ;-) Por cierto, me encanta tu relato de la golondrina, mejor verlas a ellas - anuncio de primavera- que un dinosaurio. :-D

Felisa Moreno dijo...

A mí también me encanta el relato, me siento cómoda en este género. Quizás por mi forma de ser, quiero acabarlo todo pronto, me falta la paciencia necesaria para escribir una novela de mil páginas.
Los relatos me asaltan, llegan, me obligan a escribirlos, a ellos les da igual que en ese momento esté intentando redactar una novela, se imponen y yo tengo que doblegarme, qué remedio me queda.
A pesar de ello, he escrito dos novelas cortas y estoy embarcada en otras dos, quizás por lo que tú comentas en este post, los cuentos no venden. Ya me lo han dicho otros amigos escritores, algún que otro agente y con las editoriales, es que ni lo he intentado.

Saludos, colega cuentista.

Carmen dijo...

Buena reflexión. Estoy de acuerdo contigo: me ocurre lo mismo que a ti

M Carmen Guzmán

Anónimo dijo...

Estoy contigo en la defensa a ultranza del cuento, y si hay que ir a las armas, obviaré mi cobardía y dispararé sin mala conciencia!
Muerte a la novela!

Daniel Miñano Valero

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Yo estoy contigo en que el relato mola. De hecho llevo diez meses empalmando uno tras otro. Espero que nunca lo dejes.

Juan José Tena dijo...

Mi forma de expresión natural es el relato,me asalta una idea y la escribo. Me siento cómodo escribiendo relatos cortos. Pero el problema es que tienen muy difícil salida. A mi me encanta leer novelas pero por inexperiencia o falta de habilidad no me siento cómodo escribiéndolas pero estoy escribiendo una a ver si hay suerte. Eso sí por pura satisfacción personal sigo escribiendo relatos.

José Angel Muriel dijo...

Disfruto más con la novela, pero a veces tengo que convertir alguna idea en relatos o incluso en microrrelatos. Todo depende. Cada idea tiene su forma de expresión y no debe extenderse más de lo necesario para ser narrada.

Canijo dijo...

Yo también me inclino por el relato, sobre todo frente a esa novela estirada como chicle, engordada con el único objetivo de sumar páginas a la edición. En la variedad de una buena colección de ralatos es donde muchas veces está el gusto.

J.E. Alamo dijo...

Y sin embargo, no puedo dejar de preguntarme el motivo de que el relato no venda.